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Una sencilla madre de familia

 

HISTORIA DE LAS APARICIONES DE EL ESCORIAL (4)

Narrábamos en el número anterior cómo Amparo niña tuvo que ser llevada por el bueno de Jacinto, su padre, a Alicante, a una Institución religiosa gratuita que acogía a niños sin amparo. No era éste su deseo inicial, pero se vio obligado a ello por los serios apuros que estaba pasando la familia. Allí, permanece la pequeña un año. Durante este período, se fija en cómo bordan las religiosas de aquella comunidad y, sin que nadie la enseñe, pronto aprende a hacer sus primeras labores.

 

Vuelve con sus padres, pero poco después, como las estrecheces familiares continúan, la trasladan a Madrid, a la casa de su tía Antonia, en la calle Ayala, 57.

 

Matrimonio en San Lorenzo de El Escorial

Sobre el período de su adolescencia y juventud, apenas sabemos nada, salvo que la mayor parte del tiempo se dedicó a trabajar como empleada doméstica, para poder subsistir. Además, por este tiempo, conoce a Nicasio Barderas Bravo, quien llegaría a ser su futuro esposo. A punto de cumplir los veintiséis años, el 28 de febrero de 1957, se casan en la Iglesia parroquial de «San Lorenzo Mártir» en San Lorenzo de El Escorial, lugar donde el matrimonio establece su residencia.

Luz Amparo cumple con sus deberes de esposa, de ama de casa y de madre de los hijos que van naciendo, hasta llegar a siete. Debido a la precaria situación económica de la familia, se ve obligada a realizar trabajos temporales como empleada doméstica.

Amparo vive para su familia. Muy maternal y entrañable, siempre brilló en su corazón un gran amor y desvelo por sus seres queridos, además de preocuparse instintivamente por cualquiera que necesitase de su ayuda. Se sentía muy feliz cuando estaba rodeada de los suyos. Prueba de este amor de madre lo vemos reflejado en algunos diálogos que, años después del comienzo de las apariciones, mantuvo con la Virgen en Prado Nuevo. Recordamos el que se produjo el 6 de mayo de 1984, cuando, con la sencillez y naturalidad que caracterizaban a Luz Amparo, además de pedir por otras intenciones, incluye una petición por sus hijos:

«Te pido también por mis hijos. También te lo pido que los salves. ¿Los has sellado también? Pero, ¿y los otros que no están? Séllalos también, aunque sea allí. ¡Bueno, Madre! Eso te pido y quiero que lo hagas, aunque tenga que sufrir toda la vida. ¿Me lo prometes? ¡Prométemelo otra vez!».

 

Generosidad sin límites

Desde que Luz Amparo pronunciase su «sí» ante el Señor, el 15 de noviembre de 1980, el sufrimiento no la abandonó; no en vano era un alma víctima (de este misterio se habla en el «Comentario a los mensajes»). Aun así, es de admirar la generosidad que muestra en ocasiones como ésta, renovando valerosamente su ofrecimiento inicial. Desde que conoció al Señor y a la Virgen, Amparo ya no vive para sí, sino para el que murió y resucitó por ella y por nosotros (cf. 2 Co 5, 15). Como no les niega nada, es por lo que la Virgen accede a su petición y le responde: «Sí, hija mía, te lo prometo».

Y en ese enternecedor diálogo, continúa Luz Amparo:

«Bueno, pues eso quiero. Te pido por mis hijas también. Pero también los que no están aquí. ¡Hazlo! por lo que yo sufra, hazlo. Pero séllalos, porque haré lo que me pidas. Y por todos los del primer sábado también, ¿eh?

Ya te he pedido muchas cosas; pero no son para mí, porque son para todos los demás. Yo quiero que me ayudes a sufrir, pero sálvalos a todos (…). Hazlo y yo te prometo sufrir más, más y más, para salvarlos a todos con mi sufrimiento. Pero me tienes que ayudar, ¿eh?, porque es que yo sola no voy a poder con todo eso».

 

Enfermedades y estrecheces

Parroquia de San Lorenzo de El Escorial

Parroquia de San Lorenzo de El Escorial

Después del nacimiento de su primer hijo, Amparo se sintió enferma del corazón. La dolencia se agravó; debía hacer todo el reposo posible, pero, a su vez, necesitaba seguir trabajando para sacar su familia adelante. En estas condiciones, sólo puede afrontar el trabajo por horas, por lo que recoge ropa de otras casas para lavarla en la suya.

Por si fuera poco, su marido, Nicasio, cae enfermo del pulmón, agravándose la situación económica familiar, hasta llegar a pasar verdadera necesidad. Sin embargo, la Providencia divina no les abandona. Durante varios meses, los «Cursillos de Cristiandad» les pagan el alquiler del piso. El párroco de San Lorenzo, D. Antonio, les costea la leche y el pan. En la tienda de ultramarinos Las Casillas, les fían cuanto pueden, así como reciben ayuda de varios vecinos y amigos.

Aunque Nicasio se va recuperando de su enfermedad, pasado un tiempo recae, teniendo que ser internado en diversas ocasiones en el sanatorio Tórax de El Escorial. Por aquellos años, el Ayuntamiento de este municipio, al conocer la situación de esta familia necesitada, les concede el usufructo de una pequeña parcela, cerca de la finca de «Prado Nuevo», que, junto a otras similares cedidas a algunas familias, empiezan a cultivar para sacar fruto de la tierra que ayude a su sustento.

 

Una mujer fuerte

Luz Amparo, curtida en el trabajo y en sufrimientos de todo orden, va siendo preparada por el Señor para la importante misión que le va a encomendar por la salvación de las almas. Verdaderamente, ya entonces se le podían aplicar las palabras del libro de los Proverbios sobre la mujer fuerte: «Abre sus manos al necesitado y tiende sus brazos al pobre (…). Se viste de fuerza y dignidad, sonríe ante el día de mañana (…). Vigila la marcha de su casa, no come su pan de balde» (Pr 31, 20. 25. 27).

(Continuará)

 

(Revista Prado Nuevo nº 5. Historia de las Apariciones)

 

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