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Un inexplicable aroma a rosas

 

HISTORIA DE LAS APARICIONES DE EL ESCORIAL (14)

En el artículo pasado, recordamos el carácter público que, sin buscarlo Luz Amparo, comenzaron a tener sus estigmatizaciones. Una gran afluencia de personas acuden los viernes a la casa de Miguel y Julia, que abren sus puertas de par en par, para quien desee contemplar estos hechos extraordinarios. Se producen muchas conversiones, pero no pocos buscaban también satisfacer su curiosidad. El Señor dispuso, a partir de la Semana Santa de 1981, que Luz Amparo reciba los estigmas en la intimidad; así sucedió desde entonces. Por otra parte, la Santísima Virgen pidió que se rezara todos los días el Santo Rosario en la casa del matrimonio Martínez-Sotillo, pero, debido a la afluencia, la vivienda se quedó pequeña. Se buscaron, entonces, otros lugares: primero, un horno de pan, y después unos amplios bajos de unos pisos, a la salida de San Lorenzo de El Escorial.

 

Jueves Santo de 1981: Luz Amparo sufre la flagelación del Señor

El Jueves Santo, 16 de abril de 1981, Amparo llega a casa de Miguel y Julia, aquejada de intensos dolores y vivo escozor en la espalda. Piensa Julia —y así se lo dice— que seguramente le ocurre esto por haber estado el día anterior lavando la ropa con las manos, ya que estaba estropeada la lavadora. Pero, al afirmar Amparo que no es ésa la causa de lo que la sucede, Julia la observa y comprueba consternada que tiene toda la espalda cruzada, de un lado a otro, por unos verdugones, como si hubiera sido azotada recientemente, con desollones en unos puntos y arañazos en otros, con efusión de sangre… Entonces, Amparo dice que, estando durmiendo por la noche con su esposo Nicasio, ha sentido como si la azotaban despiadadamente, con la sensación de que le arrancaban la piel y la carne. El propio Nicasio ha visto con gran extrañeza lo horrible de tales latigazos o azotes.

Julia le sugiere que entre sola en su habitación a meditar la Pasión, comprometiéndose ella a realizar los quehaceres domésticos. Así lo hace Luz Amparo y, sentada en un cojín sobre el suelo, se pone a leer un libro religioso. Alrededor de las doce del mediodía, suena el timbre interior de la habitación donde ella se encuentra. Corre hacia allí Miguel, mira, e inmediatamente llama a Julia. Ésta se presenta al instante y ve a Amparo sentada en el borde de la cama con expresión de profundo dolor, mientras comienzan a reproducírsele los diversos estigmas. Lo primero que pronunció Amparo fue: «Julia, hoy me muero».

Julia la consuela y anima, suponiendo que le ocurrirá una vez más lo que tantas ocasiones anteriores, en las que ha sido atormentada por el dolor. La acuestan normalmente en la cama, mientras sigue sangrando entre intensos dolores. Cinco familiares de Amparo, que han venido de Albacete, contemplan la escena sorprendidos y prorrumpen en llanto, dando por seguro que Amparo se les muere. La dolorosa estigmatización se prolonga durante más de cinco horas, por lo que fue presenciada con extraordinaria admiración por otras personas. Una vez recuperada, contó que durante ese tiempo vio a Jesús clavado en la Cruz, retorciéndose entre espasmos de agudo dolor, del que fue partícipe ella también.

 

Contempla la procesión de «Jesús el Pobre»

Procesión de «Jesús el Pobre» por las calles de Madrid.

Un rato después, cuando Luz Amparo estaba ya recuperada, decidió ir a Madrid con Miguel y los niños. En Madrid, estaba ya Julia con sus sobrinos presenciando la tradicional procesión de «Jesús el Pobre», que parte de la iglesia de San Pedro. Cuando Amparo y Miguel llegaron, hacía rato que había terminado la procesión. Sin embargo, Amparo la había presenciado a distancia, desde San Lorenzo de El Escorial, como gracia especial del Señor, dada la ilusión que tenía por participar en dicha procesión. Y tan viva es esta misteriosa experiencia que dice que, durante la misma, pudo ver a Julia y a sus sobrinos. En efecto, al decirle a Julia que la ha visto en el transcurso de la procesión, le responde ésta que es imposible, porque Amparo, Miguel y los niños (Jesús y Beatriz) han llegado con la procesión ya finalizada. Amparo, entonces, le pregunta: «¿Recuerda el perfume que ha sentido desde Cascorro hasta Santa Ana?».

Efectivamente, con gran asombro recuerda Julia que no sólo ella, sino también varias personas han percibido, en el referido trayecto, el mismo perfume que habitualmente despide Amparo en los éxtasis. Alguno de los sorprendidos por tan grato perfume, al ver sonreír a Julia, le preguntan si conoce la procedencia del aroma de rosas tan singular; entre otras cosas inexplicable, pues ni siquiera las andas con la imagen de Jesús portan rosas, sino claveles. A lo que el portero Marcos, que también se hallaba presente, contestó: «¡Ay, señora, si fuéramos a contar…!».

(Continuará)

 

(Revista Prado Nuevo nº 15. Historia de las Apariciones)

 

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