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«El Secreto de María» San Luis María Grignion de Montfort

 

La breve obra de San Luis María Grignion de Montfort El Secreto de María es un preludio o resumen del conocido Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, libro predilecto de san Juan Pablo II. En ambos, el santo francés se propone descubrir el papel especial de la Virgen María en la Historia de la salvación y hacerlo vida por medio de una auténtica consagración a Ella.

El título de este librito no es de san Luis María, sino que fue una feliz idea de los editores, que lo extrajeron de una de las expresiones de la misma obra: «¡Feliz, una y mil veces, aquel a quien el Espíritu Santo descubre El secreto de María!» (SM 20). ¿Qué «secreto» es éste al que alude el santo? A él se refiere, probablemente, el primer biógrafo de Montfort cuando escribe que el misionero «compuso en tres días un libro —que resultó admirable— sobre las ventajas de esta esclavitud (de amor)».

En primer lugar, hay que decir que san Luis María usa el término «secreto» para indicar:

  1. El puesto de María en la Obra de la Redención y su aplicación a la vida cristiana no son suficientemente conocidos.
  2. Que es necesaria una gracia especial de Dios para comprender y gustar lo que significa en nuestra vida la consagración a María, para responder al plan del Salvador y otorgar a la Virgen el lugar que el Señor le ha asignado en la Historia de la Salvación. «los hombres no la ponen en el lugar que la corresponde —revelaba el Señor en un mensaje de Prado Nuevo—. Mi Madre se merece algo más; Ella es la llena de gracia, el instrumento que mi Padre escogió para participar en el misterio de la Encarnación. Si veneran a María, los hombres conocerán más a Jesús y lo honrarán más» (4-7-1998).
  3. Que no consiste esta devoción mariana en un conjunto de prácticas piadosas, sino que es una nueva actitud espiritual que conforta y orienta la vida interior.

 

¿Cuál es, pues, El Secreto de María?

Querido lector: te lo vamos a contar, pero recordando las mismas tres condiciones que, para revelarlo, ponía san Luis María Grignion:

  1. Que no lo comuniques sino a las personas que lo merezcan, por sus oraciones, sus mortificaciones, sus limosnas, sus persecuciones, su abnegación y su celo por el bien de las almas.
  2. Que te valgas de él para hacerte santo y espiritual; porque la importancia de este secreto se mide por el uso que de él se hace. Cuidado con cruzarte de brazos, sin trabajar.
  3. Que todos los días de tu vida des gracias a Dios, por el favor que te hace al enseñarte un secreto que no mereces saber.

 

Dicho esto, vamos a citar varios fragmentos de esta obra, que indican en qué consiste dicho «secreto», a la vez que te animamos a leerla completa, puesto que no es extensa y su lectura es fácil:

«4) ¿Qué medios vas a escoger para levantarte a la perfección a que Dios te llama? Los medios de salvación y santificación son de todos conocidos; señalados están en el Evangelio, explicados por los maestros de la vida espiritual, practicados por los santos. Todo el que quiera salvarse y llegar a ser perfecto necesita humildad de corazón, oración continua, mortificación universal, abandono en la Divina Providencia y conformidad con la voluntad de Dios (…).

6) Todo se reduce, pues, a hallar un medio fácil con que consigamos de Dios la gracia necesaria para ser santos, y éste es el que te voy a enseñar. Digo, pues, que para hallar esta gracia de Dios hay que hallar a María.

Porque:
7) Sólo María es la que ha hallado gracia delante de Dios, ya para sí, ya para todos y cada uno de los hombres en particular; que ni los patriarcas, ni los profetas, ni todos los santos de la ley antigua pudieron hallarla.

8) Ella es la que al Autor de toda gracia dio el ser y la vida, y por eso se la llama Mater gratiae, Madre de la gracia.

9) Dios Padre, de quien todo don perfecto y toda gracia desciende como fuente esencial, dándole al Hijo, le dio todas las gracias; de suerte, que, como dice San Bernardo, se le ha dado en Él y con Él la voluntad de Dios.

Obra del pintor Raúl Berzosa

10) Dios la ha escogido por tesorera, administradora y dispensadora de todas las gracias, de suerte que todas las gracias y dones pasan por sus manos y conforme al poder que ha recibido (según San Bernardino) reparte Ella a quien quiere, como quiere, cuando quiere y cuanto quiere, las gracias del Eterno Padre, las virtudes de Jesucristo y los dones del Espíritu Santo.

11) Así como en el orden de la naturaleza es necesario que tenga el niño padre y madre, así en el orden de la gracia es necesario que el verdadero hijo de la Iglesia tenga por Padre a Dios y a María por Madre; y el que se jacte de tener a Dios por padre, sin la ternura de verdadero hijo para con María, engañador es, que no tiene más padre que el demonio.

12) (…) Quien quiera, pues, ser miembro de Jesucristo, lleno de gracia y de verdad, debe formarse en María, mediante la gracia de Jesucristo, que en Ella plenamente reside (…).

13) El Espíritu Santo, que se desposó con María, y en Ella, por Ella y de Ella, produjo su obra maestra, el Verbo encarnado Jesucristo; como jamás la ha repudiado, continúa produciendo todos los días en Ella y por Ella a los predestinados (…).

14) (…) Aun llega a decir San Agustín que en este mundo los predestinados todos están encerrados en el seno de María, y que no salen a la luz hasta que esta buena Madre les conduce a la vida eterna (…).

15) (…) Quienquiera, pues, que sea elegido o predestinado, tiene a María por moradora de su casa, es decir, de su alma y la deja echar raíces de humildad profunda, de caridad ardiente y de todas las virtudes.

16) Molde viviente de Dios, forma Dei, llama San Agustín a María y, en efecto, lo es. Quiero decir que en Ella sola se formó Dios hombre, (…) y en Ella sola también puede formarse el hombre en Dios (…).

17) El gran molde de Dios, hecho por el Espíritu Santo, para formar al natural un Hombre-Dios, por la unión hipostática, y para formar un hombre-Dios por la gracia, es María (…); y esto de manera suave y proporcionada a la debilidad humana, sin grandes trabajos ni agonías; de manera segura y sin miedo de ilusiones, puesto que el demonio no tuvo ni tendrá jamás entrada en María, santa e inmaculada, sin la menor mancilla de culpa (…).

20) ¡Feliz y mil veces feliz es en la Tierra el alma a quien el Espíritu Santo revela el secreto de María para que lo conozca, a quien abre este huerto cerrado, para que en él entre, y esta fuente sellada para que de ella saque el agua viva de la gracia y beba en larga vena de su corriente! (…). En todas partes está Dios (…), pero no hay sitio en que la criatura encontrarle pueda tan cerca y tan al alcance de su debilidad como en María» (El Secreto de María, nn. 4-20).

 

(Revista Prado Nuevo nº 17)

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