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La preparación de la Virgen

 

HISTORIA DE LAS APARICIONES DE EL ESCORIAL (17)

En el artículo anterior de la “Historia de las apariciones”, conocimos la transformación espiritual producida en la vida de Luz Amparo, con motivo de las apariciones del Señor y de la Virgen. De ser una mujer que creía —a su manera— en un Ser Supremo, sin práctica religiosa habitual, comenzó a asistir a la Misa y recibir con frecuencia el sacramento de la Penitencia, a rezar el santo Rosario y el Vía Crucis. Se tomó muy en serio su deseo de perfección y por ello, muy pronto, se puso bajo obediencia del sacerdote carmelita, el P. Alfonso María López Sendín, O. C. († 2002), para que dirigiera su alma.

 

Las cuatro primeras apariciones de la Santísima Virgen

Tras las primeras manifestaciones de Jesucristo, comienza, en el orden de las apariciones en El Escorial, otra fase en la que toma el relieve la Virgen María. Con ello, vuelve a cumplirse el conocido adagio cristiano que dice: “El Hijo lleva a la Madre; la Madre lleva al Hijo”. Primero Cristo, con los signos de su Pasión, y luego la Virgen invitando a meditar en la Pasión de su Hijo, a asumir la oración y el sacrificio para reconducirnos, por su mediación maternal, hasta Él.

 

19 de marzo de 1981, en Lourdes

Todavía no había visto a la Virgen, ni había hablado con Ella. El primero de sus encuentros con María Santísima fue en Lourdes, durante un viaje al Santuario mariano, el día de san José, 19 de marzo de 1981, y aconteció así… Miraba la imagen de la Inmaculada —en el nicho de la gruta de Massabielle, donde está situada—, cuando la escultura desapareció de su vista y, en su lugar, se le mostró la Virgen como “de carne y hueso”, toda rodeada de luz, vestida de blanco y con una franja de color rosa en el cuello y las mangas. Llevaba la cabellera larga y suelta, al estilo de la clásica Inmaculada de Murillo, y como la verá otra vez, años más tarde, en la Pradera de El Escorial. Al contemplarla, mostró una alegría exultante en su rostro por la devoción que, desde niña, había tenido a la Santísima Virgen. La Señora le dijo:

“Reza, hija mía, por la paz del mundo y por la conversión de los pecadores”.

Después, fue desapareciendo lentamente. Entonces, Amparo volvió a ver en la hornacina la imagen de piedra de siempre.

 

1 de mayo de 1981, en el Santuario de la Virgen de Cortes (Albacete)

La segunda aparición mariana aconteció en el Santuario de Cortes, a donde Luz Amparo acudía de niña a pedir protección a la Virgen, su Madre del Cielo. Se halla en la provincia de Albacete, cerca del pueblo de Alcaraz, y a pocos kilómetros de la aldea de Pesebre, donde Amparo nació. El 1 de mayo de 1981, primer viernes de mes, Luz Amparo —junto a su marido Nicasio, su hijo Pedro y el inseparable amigo de la familia Marcos Vera— fue hasta aquella colina en peregrinación. Al lugar donde hace ya muchos años, un primero de mayo de 1222, María Santísima se apareció con el Niño en brazos a un pastor de nombre Francisco Álvarez, sobre una encina y precedida de prodigios y maravillas, olores, cantos y resplandores, como no se tenían vistos en las memorias de estas tierras. Con un mensaje similar al transmitido siete siglos después en El Escorial, también pidió en aquel lugar una capilla. Cuando los cuatro peregrinos mencionados llegan a la ermita del descampado de Cortes, se enteran que han llevado la imagen de la Santísima Virgen a Alcaraz, por aquello de una rogativa, para pedir por la lluvia. Resignados, se sientan en un banco del templo. No hay nadie más. Reina el silencio, cuando oyen una tos de persona muy joven. Extrañados, pues no había nadie por aquellos contornos, volvieron la cabeza y Amparo ve a la Santísima Virgen Dolorosa, con manto negro que desde la cabeza cubierta le baja hasta los pies; por debajo, lleva una tela de seda o velo de encaje blanco rodeándole la cara, que pasa por encima del hombro izquierdo hasta desaparecer por detrás, y las manos juntas sobre el pecho; igual que luego las contemplará en El Escorial. Marcos cree ver por un instante una mujer esbelta, que piensa podía ser de la zona, pero cuando salen al instante, sin saber cómo, ni por dónde, había desaparecido. Tres de ellos a la vez preguntan: “¿Habéis oído una tos?”. Pero ninguno sabe qué respuesta dar. Entonces, es Amparo la que pregunta: “¿No habéis visto a nadie?”. Sólo Marcos contesta afirmativamente, añadiendo que había pensado sería una mujer de los alrededores. Explicará más tarde Amparo: “Estaba rezando Ella y pidiendo a su Hijo que tuviera misericordia de todos los pecadores, que les diera más oportunidades —pues la oyó decir—: «Son mis hijos y los quiero a todos con todo mi Corazón»”.

Santuario de la Virgen de Cortes por dentro

 

1 de mayo de 1981, por la noche, en su casa de San Lorenzo de El Escorial

El mismo día 1 de mayo de 1981, estando ya en casa, de noche, mientras reza sus oraciones habituales, Luz Amparo ve, de nuevo, a la Virgen vestida de Dolorosa. Cuenta ella: “Estaba muy triste y le caían dos lágrimas por las mejillas. Estaba hincada de rodillas con un manto negro y una capucha que le cubría la cabeza. Me miró muy afligida; tenía una vela en cada mano y pedía al Señor por la paz del mundo. Su cara —continúa relatando Amparo— era bellísima y aparentaba tener unos diecinueve o veinte años. Luego, la Virgen se volvió hacia mí y me dijo: «Hija mía, no dejéis de rezar el santo Rosario. Diles que, si no me escuchan, habrá muchas muertes y la Iglesia irá decayendo, y no habrá trabajo y habrá muchas miserias, sobre todo en España….

Hija mía —prosiguió—, el santo Rosario rezado con devoción tiene mucho poder; os pido muy poquito: que recéis, que con vuestra oración y penitencia nos ayudaréis a mi Hijo y a mí a salvar muchas almas que están errantes, esperando que alguien las salve». Después añadió: «Yo me he manifestado en muchos sitios, pero están vacíos y no quieren saber nada; y si no me escuchan, en España habrá otra guerra y la Iglesia española padecerá.

Rezad mucho y haced mucha penitencia, para que todos os salvéis. Os quiero a todos, porque todos sois hijos míos. Hay que ser más constantes en recibir la Sagrada Eucaristía; es muy importante comulgar los primeros viernes de mes con mucha devoción y pedir para que todos los sacerdotes sean buenos católicos, y con sus buenos ejemplos el Espíritu Santo los ilumine para servir a Dios y amar al prójimo, y que colaboren en salvar almas…».

Y terminó diciendo: «Haced oración, y diles que hagan mucho sacrificio, que cuanto más sufráis y más sacrificios hagáis, más os amo; porque así me ayudáis a sufrir y a pedir por tantos pecadores que tanto lo necesitan»”.

 

10 de mayo de 1981: vestida de blanco

Hallándose Luz Amparo en su trabajo, se le apareció la Santísima Virgen este domingo 10 de mayo de 1981. Iba vestida toda de blanco, con algunos adornos en los puños de las mangas, y en el ribete de debajo de la túnica ondulaciones doradas. En esta ocasión, la celestial Señora insistió sobre la constancia en recibir el Cuerpo de Cristo y en el valor de hacerlo los primeros viernes de mes: “…que todos los que comulguen en este día pidan por la Iglesia Católica, para que todos los cristianos estén más unidos”. Continuó recordando la gravedad de los pecados de lujuria: “El pecado de impureza ofende mucho al Señor”. Exhortó a que seamos muy humildes, porque “la soberbia cierra las puertas del Cielo”; a ser perseverantes y a rezar por los sacerdotes, “para que sean buenos hijos de Dios”. Terminó indicando que se orienten las peticiones a rogar “por la paz de España, especialmente por el País Vasco”.

 

(Revista Prado Nuevo nº 18. Historia de las Apariciones)

 

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