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Teresa de Jesús fundadora y mística por Isidro-Juan Palacios

 

Vida y obra de Teresa de Jesús

Teresa de Cepeda y Ahumada, luego conocida como Santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila, nació en Gotarrendura, Ávila, el 28 de marzo de 1515 y murió en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582. Fundadora de las Carmelitas Descalzas; proclamada Doctora de la Iglesia; Teresa es una de las místicas más queridas de la cristiandad. Sobrecogida por un enardecido celo, llegó a realizar numerosas fundaciones de su Orden carmelitana, dejando además, para sus hermanas y creyentes y para la posteridad, una obra literaria de meditación religiosa y enriquecimiento de la lengua castellana.

 

Inquieta y entusiasta niñez

Hija de Alonso Sánchez de Cepeda y de su segunda esposa doña Beatriz Dávila y Ahumada, perteneciente a la estirpe de una de las familias más señaladas de Castilla la Vieja, Teresa tuvo desde muy niña inclinaciones apasionadas, tanto a la vida caballeresca, religiosa como a la poética. Cuando apenas contaba seis o siete años de edad, excitada por el romancero que su padre solía leer y las prácticas devocionales que de niña hacía, pensó, junto a su hermano Rodrigo (un año mayor que ella), ir a tierra de infieles, pedir limosna y abrazar allí el martirio por decapitación. Un tío impidió esa locura, cuando ya habían emprendido el camino, trayendo a los niños de vuelta a casa. A partir de entonces, a Teresa le fue ganando cada vez la idea de ser ermitaña, aunque no monja conventual, como la santa de Ávila confesará en el libro de su Vida.

Hacia los doce o trece años, justo cuando se está aficionando por los libros galantes y de gestas, pierde a su madre, en 1528. Pide entonces a la Virgen que la adopte como hija suya. Unos cuantos años después, acrisolada ya su fe, habiendo dejado a sus espaldas cortejos y amoríos con uno de sus primos —relación a la que el padre de Teresa se oponía— , y con unos veinte años, ingresa —igualmente con la oposición paterna— en el convento de la Encarnación de Ávila el 2 de noviembre de 1535, y allí, al año siguiente, el mismo día de Ánimas, tomó el hábito. Una extraña enfermedad la obliga a salir del convento el otoño de 1538, al que retornará sin embargo en 1539. Muere su padre en 1544.

 

Visiones y cambio interior

Tras una vida tranquila en el convento, de una celda agradable y un régimen de vida de numerosas relaciones sociales, visitas y conversaciones, tiene una primera visión de Jesús llagado y alguna que otra experiencia de los sufrimientos en el Infierno. Con altibajos de sequedad y frescura, esas visiones se irán incrementando a toda suerte de personajes celestiales, a quienes verá con toda su gloria. Aquellas primeras visiones y su profundo cambio interior fue lo que llevó a Teresa a pensar en reformar el Carmelo, regla conventual que había sido mitigada por el decreto papal de 1432 (Eugenio IV), relajando las normas de convivencia comunitaria de la familia monacal carmelitana. Su obra será fundar los carmelitas descalzados (en franca segregación de los carmelitas calzados), cuyos monasterios irán saliendo adelante no sin los sinsabores dialécticos, ataques, rigores y censuras de sus oponentes, empeñados en frenar los impulsos reformadores de Teresa, ahora ya imparables.

En contrapartida de tantas dificultades y amarguras, los arrobos místicos se suceden y también las impagables alianzas humanas, que también las tuvo, como la del joven poeta y también místico carmelitano Juan de la Cruz, más tarde santo como ella, y que iniciará las reformas teresianas entre los varones de la Orden; contó Teresa también con el aliento y compromiso de los santos Francisco de Borja, Pedro de Alcántara y Luis Beltrán, personajes de gran respeto y fama ya por entonces. Tales ayudas, así como las de sus confesores, el rey Felipe II y no pocos caballeros y damas nobles alentarán su obra.

 

Escritos y fundaciones

A parte de otras inspiradas por Teresa de Ávila, son diecisiete las fundaciones que se atribuyen a la propia santa: Ávila (1562), Medina del Campo (1567), Malagón (1568), Valladolid (1568), Toledo (1569), Pastrana (1569), Salamanca (1570), Alba de Tormes (1571), Segovia (1574), Beas de Segura (1575), Sevilla (1575) , Caravaca de la Cruz (1576), Villanueva de la Jara (1560), Palencia (1580), Soria (1581), Granada (1582) y Burgos (1582), el último año de su vida o muerte acaecida en Alba de Tormes. En resumen, el espíritu de esta reforma, que todavía perdura entre los monasterios de carmelitas descalzas de su inspiración, vino a resucitar el rigor monacal cristiano, reafirmando sus perfiles de pobreza y austeridad, soledad, silencio y clausura, amén de reforzar los ya existentes centrados en la obediencia y en la castidad.
Patrona de los escritores, la Real Academia Española ha incluido su nombre en el Catálogo de sus Autoridades. En 1561, y a sugerencia de su confesor de entonces, el dominico Pedro Ibáñez, comienza a escribir Teresa el Libro de su Vida, que concluirá un año después. Publicó una segunda versión, matizada y ampliada, en 1566. Luego esta obra sería denunciada por su anterior amiga y a seguir despiadada enemiga, la princesa de Éboli, ante la Santa Inquisición en dos ocasiones, en 1575, el año de las hostilidades del Capítulo carmelita de Plasencia, y en 1578. Un manuscrito de la Vida se guarda hasta hoy en la Biblioteca Real del Monasterio de El Escorial, fundado como todos saben por Felipe II. Los escritos místicos se centran principalmente en el Camino de perfección (1562-1564), Conceptos del amor de Dios y en El castillo Interior (o Las Moradas, 1577). Además de éstas, hay que anotar: Libro de las relaciones, Libro de las fundaciones (1573-1582), Libro de las constituciones (1563). A parte de las obras mencionadas, otras menores son editadas en sus obras completas con títulos como Avisos de Santa Teresa, Modo de visitar los conventos de religiosas, Exclamaciones del alma a su Dios, Meditaciones sobre los Cantares, Visita de descalzas, Ordenanzas de una cofradía, Apuntaciones, Desafío espiritual y Vejamen. A todo ello hay que sumarle poesía, escritos sueltos y sucintos y cuatrocientas nueve cartas.
Fue beatificada en 1614 por Paulo V y santificada por Gregorio XV en 1622. Cuatro años más tarde, las Cortes de España le otorgan el título de Capitana de los Reinos de España (1626) y, al siguiente año (1627), el Papa Urbano VIII ratifica su nombramiento como Patrona de España (o mejor Co-Patrona de nuestro país con Santiago apóstol; pero los partidarios de la exclusividad del santo adoptado por Galicia consiguen revocar la acción de las Cortes y del Papa). Será nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Salamanca; Patrona de los escritores en lengua hispana (como se ha mencionado más arriba); Alcaldesa honorífica de Alba de Tormes (1963) y su último título en 1970: Doctora de la Iglesia católica.

 

(Revista Prado Nuevo nº 13)

 


[1] Este año de 1575 fue el que en su seno vio nacer el violento estallido de la discordia entre calzados y descalzos en el Capítulo carmelita celebrado en Plasencia. Un enfrentamiento que entonces aclaró a todas luces la hostilidad que venía produciendo escaramuzas entre las dos facciones trece años atrás.

[2] Esta fundación, que hace el número XVI de la relación teresiana, vinculada a las fundaciones directas de Santa Teresa, fue realizada por la monja Ana de Jesús.

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