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Origen de los cuadros de la Virgen

 

HISTORIA DE LAS APARICIONES DE EL ESCORIAL (20)

En este nuevo artículo de Historia de las Apariciones, continuando el capítulo anterior, hablamos sobre el origen y realización de los cuadros de la Santísima Virgen, según la descripción hecha por Luz Amparo a la pintora Elvira Soriano. Proseguimos, en primer lugar, con el proceso de realización del cuadro de la Virgen Gloriosa.

 

La Virgen Gloriosa: «Si es su cara, si son sus ojos…»

Comenta Elvira que, a los tres o cuatro días, cuando ya había pintado inicialmente la imagen, llamó a Amparo para que viera ese boceto. Cuando entró al estudio de la pintora, se quedó mirando la imagen de la Virgen y dijo: «¡Si es su cara, si son sus ojos, si es Ella!». Antes de marcharse, Amparo le hizo algunas correcciones sin importancia; la pintora le preguntó: «Pero, ¿cómo se puede usted fijar en tanto detalle…?»; a lo que respondió: «Porque es como si lo estuviese viendo».

Después, le explicó los detalles del ceñidor de la cintura donde van las figuras del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Elvira le objetó: «Pero es que al Padre Eterno dicen que nadie lo ha visto»; lo que confirmó Amparo: «No, ni yo tampoco; donde está Dios Padre, es luz, no se le ve rostro ni se le ve nada, es luz…». La pintora continuó: «Bueno, por eso le hacemos así, un poco mayor, porque —claro— como es el Creador del mundo entero, es como en una familia, para distinguirlo como padre de una familia, de generación en generación».

Cuando Elvira ya iba teniendo más amistad con Amparo, estando un día juntas en casa de la pintora, ésta le dijo: «Amparo, ¿usted le puede preguntar a la Virgen algo que quiero saber?»; a lo que respondió: «Sí». Continúo la pintora: «¿Por qué no le pregunta qué le parece el retrato que le estoy haciendo?». Entonces, Amparo sonrió y le manifestó: «¿Usted cree que si no es porque la Virgen le ayuda, usted había hecho esa cara sin haberla visto, nada más que por lo que yo le he dicho?».

 

Curiosidades del cuadro

Una vez que hizo todos los cambios y terminó el cuadro, Luz Amparo volvió a verlo, miró la corona de ángeles sobre la cabeza de la Virgen y se puso a contar: «Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis…, ¡doce! ¡Los que yo veo! ¡Pero si no se lo he dicho!». A continuación, le preguntó si podía visitarla más veces, porque «que quiero traer a la gente, para que vea lo que yo veo; porque, si no ven esto, no pueden saber lo que yo veo, aunque se lo explique».

El P. Alfonso, director espiritual de Luz Amparo, quedó sorprendido al contemplar la doble representación del Espíritu Santo en la banda y en el medallón, y le preguntó: «Amparo, ¿por qué has puesto dos veces el Espíritu Santo?». A lo que ella respondió: «Pues así es como yo lo veo. Son dos formas de (representar al) Espíritu Santo. Aquí (en la banda), es la Trinidad; allí (en el medallón) está el que obró en la Virgen» («Y concibió por obra del Espíritu Santo…»).

A partir de entonces, muchas personas pasaron por la casa de Elvira a ver el cuadro, y todas eran marcadas por el amor de la Virgen en su corazón. A los pies de este cuadro, ha habido verdaderas conversiones, personas alejadas totalmente de Dios que, al sentir esos ojos de la Madre penetrar dentro de sí, han llorado sus pecados en profundidad.

 

La Virgen Dolorosa: detalles

En repetidas ocasiones, Amparo comentó a Elvira que veía muchas más veces a la Virgen como Dolorosa. Fue en el año de 1984 cuando Elvira pintó el segundo cuadro de la Virgen, como Nuestra Señora de los Dolores, siguiendo la descripción que Luz Amparo le fue haciendo y que se puede resumir en lo siguiente: lleva un manto negro que le cubre sin ceñirse a la cabeza, debajo un velo de encaje blanco. Por la parte de abajo, el manto algo abierto deja ver una larga túnica de color granate. Las manos juntas en actitud orante, como si fuera un tulipán cerrado; de ellas cuelga un rosario de quince misterios. Unas lágrimas silenciosas surcan las mejillas de esa faz, que refleja pena, sin dejar, a pesar de ello, de transmitir una dulzura infinita. Siempre viene rodeada de una gran luz, de numerosas nubes y muchos ángeles. Después de algunas modificaciones que Luz Amparo le indicó, Elvira pudo terminar el cuadro que va rubricado y sólo añade el año «1984».

Elvira puso el cuadro de la Virgen de los Dolores a cierta distancia de la puerta de entrada, donde llegaba una buena luz. Cuando las personas entraban a su casa y veían a la Virgen toda de negro, con el fondo de cielo con nubes y muchos ángeles, cuenta ella misma que «veía a la gente que se paraba y no podían entrar. ¡Es que era una impresión tan grande la que hacía la Virgen llorando, que de verdad parecía que se salía del cuadro a esperar a la gente ahí a la puerta!».

Solía afirmar que sus dos cuadros de la Virgen de El Escorial, habían sido la culminación de su arte pictórico y de su amor a la Virgen: «El mayor gozo que Dios me ha concedido es hacerme instrumento suyo, pincel del rostro de la Virgen en tantas almas».

Siempre agradeció a Luz Amparo el haberla encomendado estas obras tan importantes, y admitía que, desde que la conoció, no la pudo separar de su corazón: «Ella ha sido —explicaba— quien me ha hecho hacer esto, pues si no la hubiera conocido, nadie me hubiera podido decir nunca nada. Y ella me lo dijo, y tan bien dicho, que yo ya no pude hacer otra cosa, nada más que lo que ella me dijo (…). La Virgen se valió de Amparo, y Amparo se valió de mí».

Elvira Soriano, la pintora de la Virgen, marchó a la eternidad el día 7 de noviembre de 2011, donde, sin duda, habrá contemplado cara a cara la belleza de la Santísima Virgen, que con tanta dedicación y esmero plasmó en sus cuadros.

(Revista Prado Nuevo nº 21. Historia de las Apariciones)

 

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