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La fe y determinación de Glenn Cunningham

De no poder caminar a batir varios récords del mundo

Sobre la oración y el avance en la vida espiritual, hasta alcanzar el «agua de vida», anima con vigor santa Teresa de Jesús: «Digo que importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo» (Camino de perfección, cap. 21, 2). En el caso de Glenn Cunningham, fue una «determinada determinación», alentada por la fe, la que le llevó a conseguir lo que parecía imposible cuando era niño: batir varios récords del mundo de atletismo.

A la edad de ocho años, Glenn Cunningham (Elkhart, Kansas [EE.UU.], 1909-1988) sufrió un grave accidente al incendiarse la escuela donde estudiaba al lado de su hermano Floyd, de diez años de edad; Floyd no sobrevivió al incendio. En cuanto a Glenn, sus piernas sufrieron muy graves quemaduras, por lo que los médicos recomendaron su amputación. Los padres pidieron al médico que aplazara la cirugía, el cual accedió. Se dedicaron a rezar pidiéndole a Dios que las piernas de su hijo sanaran de una forma u otra. Los médicos predijeron que nunca podría volver a caminar. Había perdido toda la carne en las rodillas y espinillas y todos los dedos de su pie izquierdo. Además, su arco transversal quedó prácticamente destruido. Finalmente, al quitarle los vendajes, se descubrió que el chico tenía una pierna ocho centímetros más corta que la otra. Sin embargo, su gran determinación, junto con los masajes diarios que le daban sus padres, le permitió recuperar gradualmente la capacidad de caminar y después correr. Casi a los dos años del accidente, a principios del verano de 1919, intentó por primera vez volver a caminar.

Tenía una actitud positiva, así como una fe intensa. Glenn Cunningham conocía la Biblia, rezaba con ella, y tenía como frase preferida la del profeta Isaías que dice: «Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan» (Is 40, 31).

Debido a los problemas de circulación causados por el accidente de su infancia, necesitaba casi una hora para prepararse a una carrera. En primer lugar, precisaba masajes en sus piernas y un largo período de calentamiento. A pesar de todo esto, Cunningham estableció récords mundiales para la milla, los 800 metros y para los 1500 metros. Participó en los Juegos Olímpicos de 1932 y 1936. En la final de 1.500 metros en Berlín, superó el récord mundial, aunque fue superado por Jack Lovelock y obtuvo la medalla de plata. Se retiró después que los Juegos Olímpicos de 1940 fueron cancelados. Es considerado por muchos como el mejor corredor de una milla de su país de todos los tiempos.

¿Tenemos nosotros esa «determinada determinación» que aconseja santa Teresa para la vida espiritual? Glenn Cunningham la tuvo y consiguió lo que parecía imposible: de no poder caminar pasó a batir varios récords del mundo.

 

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