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P. René Laurentín

P. Laurentin dando su testimonio al pie del fresno.

El P. Renè Laurentin nació en Tours (Francia), el 19 de octubre de 1917, cuando acababa de acaecer la última aparición de Nuestra Señora en Fátima, y entregó su alma al Señor en París (Francia), el 10 de septiembre de 2017, a punto de finalizar el Año jubilar del Centenario de las apariciones de la Virgen en Portugal.

Después de terminar sus estudios secundarios en el Instituto de Sainte Marie de Chole, entró en el Seminario de París en Instituto Católico, en octubre de 1934, a la edad de 17 años, a estudiar Filosofía, especializada en Santo Tomás de Aquino. En 1938 se licenció en Filosofía por la Universidad de París. Estudiaba Teología, cuando fue llamado a servir en el ejército francés.

Tras permanecer como prisionero de guerra de Alemania, finalmente fue puesto en libertad y recibió las citaciones de la Cruz de Guerra y Legión de Honor.

Se matriculó en la Universidad de Son Oflag para proseguir sus estudios, sobre hebreo y Mariología. En julio de 1946 obtuvo su licenciatura en Teología y fue ordenado sacerdote el 8 de diciembre de 1946 en París. En 1952 recibió su doctorado en Mariología en la universidad de la Sorbona, el 7 de junio, seguido de otro Doctorado en Teología, el 9 de febrero de 1953 en el Instituto Católico de París.

En 1962 se le concedió el honor de ser un perito o experto en el Concilio Vaticano II. Él redactó la mayor parte de la doctrina mariana en la Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II.

Escritor prolífico

El P. Laurentin escribió cerca de 160 libros sobre exégesis y teología, sobre la Iglesia, obras mariológicas, vidas de santos y místicos, libros sobre apariciones —destacando sus 7 volúmenes sobre Lourdes: Lourdes: documents authentiques—, etc. Sobre este último tema, se tradujo al español Apariciones actuales de la Virgen María (Rialp, 1991), donde expresa su impresión más que favorable sobre Luz Amparo y los hechos de Prado Nuevo (El Escorial).

En una época de incredulidad y teología extremadamente racionalista, Laurentin abrió un espacio para lo sobrenatural y lo milagroso. Lo hizo con gran rigor en el caso de Lourdes y se convirtió en una autoridad en apariciones. Se le puede considerar el mayor experto sobre apariciones marianas y uno de los más reconocidos mariólogos de todos los tiempos.

En 2007 publicó un Diccionario de Apariciones de la Virgen María, especialmente interesante por su exhaustividad. Allí calcula que se han producido unas 2.500 apariciones marianas en la Historia, de las que unas 500 tuvieron lugar en el siglo XX. De las apariciones históricas, unas 300 se mostraron ante futuros santos o beatos.

En 2008, cuando se entrevistó con Luz Amparo, pidió que rezara por él —ya por entonces tenía la vista muy deteriorada—; ella le prometió sus oraciones y le dijo que no se preocupara, pues si le faltaba la luz de los ojos, tenía la luz del alma, que es la más valiosa.

P. Laurentin rezando ante el fresno de las apariciones.

Aunque haya explicación natural… Dios habla  

Laurentin pedía a la Iglesia menos exigencia a la hora de reconocer milagros. «En principio, se requiere que el milagro en cuestión sea un prodigio totalmente inexplicable por la ciencia. Esto no está en consonancia con la forma de actuar de Dios ni con la tradición de la Iglesia», afirmó en cierta ocasión.

Por qué hay más apariciones recientes

En su libro Apariciones actuales de la Virgen María (Rialp, 1991), Laurentin escribió que la Virgen «tiene una misión de Madre a los ojos de nuestro mundo. Esta misión está llamada a intensificarse en los últimos tiempos, decía Grignon de Montfort. ¿No corresponderá la multiplicación de las apariciones a una cierta urgencia; quizás no el fin del mundo, pero al menos, a una grave conmoción en el umbral del tercer milenio?» (p. 14). (cf. es.wikipedia.org / carifilii.es).

De una entrevista al periodista y escritor Vittorio Messori, discípulo y amigo de R. Laurentin:

-«Messori, ¿quién fue Renè Laurentin?

-Un hombre bueno y accesible, siempre disponible, y no era solo un mariólogo y el mayor experto en Lourdes: no olvidemos que el capítulo que cierra el documento conciliar Lumen Gentium fue prácticamente escrito por él cuando era consultor en el Vaticano II (…).

-También Laurentin fue un olvidado. La noticia de su muerte no fue seguida con gran profundidad.

-Y en Francia todavía menos. Toda la vida fue acosado en el ámbito académico. En Francia, los arrogantes teólogos franceses miraban por encima del hombro a alguien que se ocupaba de cosas que eran una pérdida de tiempo, como las apariciones marianas, que para ellos resultaban irrelevantes; y él sufría en silencio este ostracismo que lo presentaba como un visionario (…).

-¿Más teólogo o más divulgador mariano?

-Diría que un hombre poliédrico. Había recibido muchos talentos y los hizo fructificar escribiendo siempre cosas sensatas.

-Un protagonista del Concilio, que sin embargo nunca fue considerado como un hombre conciliar…

-Porque se opuso a la deriva del Concilio imaginario, y por eso era mal mirado por sus colegas catedráticos. Se opuso a la locura postconciliar.

P. Laurentin con su libro.

-¿Por qué locura?

-Porque en los primeros diez años después del Concilio, la mariología sufrió un eclipse. Él lo llamó, sabiamente, “el invierno mariano”, y esto le hacía sufrir mucho porque a pesar de que se oponía a cierto marianismo exagerado, era muy consciente del papel misterioso y decisivo que el Padre Eterno ha confiado a María de Nazaret. A menudo repetía que no hay catolicismo sin María (…).

-¿Cuál fue su mayor aportación a la mariología?

-Seguramente Lourdes, de la que lo conocía todo, y de la cual descubrió incluso documentos inéditos, así como la conversión de Ratisbonne. La conversión por medio de María fue su gran especialidad. De hecho, por haber demostrado cómo sucedió de verdad la conversión del ilustre judío Ratisbonne fue atacado duramente.

-¿La mariología como estudio… y como fe?

-Demostró, con documentos en la mano, que la devoción mariana tiene fundamento, que no es una especie de variante inaceptable de la auténtica devoción cristiana. Dio plena carta de ciudadanía a la devoción mariana, también la popular, mostrando que tenía bases muy sólidas» (Entrevista de Andrea Zambrano, La Nuova Bussola Quotidiana, 13-9-17; cf. carifilii.es).

 

(Revista Prado Nuevo nº 31. Artículos) 

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