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Santa Hildegarda (17 de septiembre)

Santa Hildegarda de Bingen, O.S.B. (*1098-†1179) Su fiesta es el día 17 de septiembre

El 10 de mayo de 2012, el papa Benedicto XVI inscribió en el catálogo de los santos a santa Hildegarda y extendió su culto litúrgico a la Iglesia universal, en una «canonización equivalente». Y el 7 de octubre de 2012, con la aprobación del mismo Papa, durante la Misa de apertura del Sínodo de los obispos, en la Basílica de San Pedro en Roma, se realizó la proclamación oficial como Doctora para la Iglesia Universal, junto con san Juan de Ávila.

 

Santa Hildegarda de Bingen, O.S.B. nació en Bermersheim y murió en Rupertsberg (Alemania). Fue abadesa, líder monacal, mística, profetisa, médica, compositora y escritora alemana. Es conocida como la sibila del Rin y como la profetisa teutónica. Considerada por los especialistas actuales como una de las personalidades más fascinantes y polifacéticas del Occidente europeo, se la definió entre las mujeres más influyentes de la Baja Edad Media, entre las figuras más ilustres del monacato femenino y quizá la que mejor ejemplificó el ideal benedictino, dotada de una cultura fuera de lo común, comprometida también en la reforma de la Iglesia, y una de las escritoras de mayor producción de su tiempo.

Nació en el seno de una familia noble alemana acomodada. Fue la menor de los diez hijos de Hildeberto, y de su esposa, Matilde, y por eso fue considerada como el diezmo para Dios, entregada como oblata y consagrada desde su nacimiento a la actividad religiosa, según la mentalidad medieval. De esta manera, fue dedicada por sus padres a la vida religiosa y entregada para su educación a la condesa Judith de Spanheim (Jutta), quien la instruyó en el rezo del salterio, en la lectura del latín y de la Sagrada Escritura, y en el canto gregoriano.

Desde niña, Hildegarda tuvo débil constitución física, sufría de constantes enfermedades y experimentaba visiones. A los tres años, tuvo una visión; «una luz tal que mi alma tembló», manifestaba. Estos hechos continuaron aún durante los años en que estuvo bajo la instrucción de Judith, quien, al parecer, tuvo conocimiento de ellos. Ella describió estos episodios como una gran luz en la que se presentaban imágenes, formas y colores; además iban acompañados de una voz que le explicaba lo que veía y, en algunos casos, de música.

Hacia 1151 concluyó el Scivias, su primera y más importante obra, y de esa misma época datan sus dos libros de contenidos sobre ciencias naturales (Physica) y medicina (Cause et cure), en los cuales expuso gran cantidad de conocimientos sobre el funcionamiento del cuerpo humano, de herbología y otros tratamientos médicos de su época basados en las propiedades de piedras y animales.

Hildegarda escribió cartas a papas, cardenales, obispos, abades, reyes y emperadores, monjes y monjas, hombres y mujeres de todas clases, a quienes aconsejaba y si era necesario reprendía, escuchada por todos como referencia moral de su tiempo.

El 17 de septiembre de 1179, a los 81 años de edad, murió Hildegarda. Las crónicas hagiográficas cuentan que a la hora de su muerte aparecieron dos arcos muy brillantes y de diferentes colores que formaban una cruz en el cielo (cf. wikipedia.org).

 

(Revista Prado Nuevo nº 31. Testigos del Evangelio)

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