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San Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia († 1622)

Su fiesta es el dia 24 de enero

Traemos hoy a nuestras páginas uno de los santos más queridos del santoral: san Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia († 1622). Su influencia ha sido enorme en la espiritualidad cristiana; de ahí que, durante el pontificado del beato Pío IX, fuera declarado doctor. Su fiesta se celebra el 24 de enero.

San Francisco de Sales, «uno de los más fieles trasuntos del Redentor», era hijo de los marqueses de Sales. Nació en Saboya, el año 1567. Se educó en Annecy, en París y en Padua. En 1593 es ordenado sacerdote. Pasa largas horas de oración. «Las almas se ganan de rodillas», confesaba. Atiende sin prisa al confesionario, predica, asiste a todos los necesitados.

Su celo apostólico no tenía fronteras. La región de Chablais había caído bajo el protestantismo. Hacia allí se dirige con su primo Luis para devolver aquellas ovejas al redil. Fue un trabajo paciente y costoso. Redactaba unas hojas sueltas, las célebres Controversias, que luego llegaban hasta los protestantes. Así le leerían los que no acudían a escucharle.

A él se debe la conversión de más de sesenta mil calvinistas. El obispo Granier, que ve los frutos de la predicación de Francisco, lo recomienda como su sucesor. El año 1603 fue consagrado obispo. Multiplica ahora su tarea apostólica: catequesis, predicación, sínodos diocesanos… Las dificultades eran numerosas. Entre otras, la situación de la diócesis, que comprendía zonas de Saboya, Francia y Suiza. Era obispo titular de Ginebra, pero desde la llegada de protestantismo los obispos residían en Annecy. Un día, Enrique IV, rey de Francia, le ofreció un rico obispado. Francisco contestó: «Me he casado con una mujer pobre; no puedo dejarla por otra más rica».

Uno de sus más fecundos apostolados fue el de la pluma: Tratado del amor de Dios, El arte de aprovechar nuestras faltas, Cartas, Controversias… Y quizá su mejor libro, de perenne actualidad, Introducción a la vida devota, que comprende una serie de normas para santificarse en el mundo.

Francisco de Sales se encontró en su camino con un alma excepcional: santa Juana Fremiot de Chantal. Entre los dos surgió una honda amistad, ejemplo típico de equilibrio afectivo entre dos almas que caminan hacia Dios. Juntos fundaron la Orden de la Visitación, que consiguió pronto óptimos frutos.

Su vida era muy intensa. En París se encontró con Vicente de Paúl, que diría después: «¡Qué bueno será Dios, cuando tanta suavidad hay en Francisco!».
Vuelve a su diócesis y, al llegar a Lyon, se sintió desfallecer. Allí rindió su alma con la calma y serenidad de toda su vida. Era el 28 de diciembre de 1622, a los 56 años de edad. Sus restos fueron trasladados a la catedral de Annecy. Hoy reposan, cerca de la cofundadora, en el monasterio de la Visitación, que domina el bello paisaje del lago y la ciudad. Canonizado en 1665, fue declarado doctor por el beato Pío IX, el año 1877.

Santos son aquéllos que guardaron toda la agresividad para sí mismos, suele decirse. Eso fue Francisco de Sales: exigente consigo mismo y ejemplo de moderación y de equilibrio para los demás. Es el santo de la dulzura, el apóstol de la amabilidad. «El más dulce de los hombres y el más amable de los santos», a pesar de su fuerte temperamento. Se cuenta que, al hacerle la autopsia, encontraron su hígado endurecido como una piedra, explicable por la violencia que se había hecho aquel hombre de fuerte carácter, que era en el trato todo delicadeza y suavidad. «En los negocios más graves derramaba palabras de afabilidad cordial; oía a todos apaciblemente, siempre dulce y humilde», afirma la cofundadora, que le conocía bien.

El estilo afable y caritativo que utilizaba para atraer almas a la Iglesia Católica, queda reflejado en lo que manifestó una vez a santa Juana de Chantal: «Yo he repetido con frecuencia que la mejor manera de predicar a los herejes es el amor, aun sin decir una sola palabra de refutación contra sus doctrinas».
La influencia de san Francisco de Sales en la espiritualidad ha sido enorme. Cuando san Juan Bosco buscó protector para su familia religiosa, lo encontró en él, y por eso su obra se llama salesiana. Es patrono de los periodistas católicos.

 

(Revista Prado Nuevo nº 17. Testigos del Evangelio)

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