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El papel fundamental de la Virgen y la Pasión

 

Mensaje del 8 de Enero de 1982

Ofrecemos algunos fragmentos de este mensaje con su correspondiente comentario. Interviene primero el Señor:

«Estoy constantemente dándoles oportunidad de salvarse poniendo a mi Madre por mensajera, porque sé que son débiles y que caen una y otra y otra vez en el mismo pecado».

El imprescindible papel de
la Virgen

El papel de la Virgen en los tiempos actuales es fundamental; siempre lo ha sido, aunque en la etapa primera de la Iglesia la función de María se realizase de forma menos visible. Lo expone con sabiduría y acierto san Luis María Grignion de Montfort:

«La salvación del mundo comenzó por medio de María, y por medio de Ella debe alcanzar su plenitud. María casi no se manifestó en la primera venida de Jesucristo, a fin de que los hombres, poco instruidos e iluminados acerca de la persona de su Hijo, no se alejaran de la verdad aficionándose demasiado fuerte e imperfectamente a la Madre, como habría ocurrido seguramente si Ella hubiera sido conocida a causa de los admirables encantos que el Altísimo le había concedido aun en su exterior»1.

Y lo confirma el santo con un llamativo ejemplo:

«Tan cierto es esto, que san Dionisio Areopagita escribe que, cuando la vio, la hubiera tomado por una divinidad, a causa de sus secretos encantos e incomparable belleza, si la fe —en la que se hallaba bien cimentado— no le hubiera enseñado lo contrario.

Pero en la segunda venida de Jesucristo, María tiene que ser conocida y puesta de manifiesto por el Espíritu Santo, a fin de que por Ella Jesucristo sea conocido, amado y servido. Pues ya no valen los motivos que movieron al Espíritu Santo a ocultar a su Esposa durante su vida y manifestarla sólo parcialmente aun desde que se predica el Evangelio»2.

«Amaos los unos a los otros como yo os he amado, hasta el punto de cumplir la voluntad de mi Padre. Cumplí la voluntad de mi Padre y derramé hasta la última gota de mi Sangre por redimiros a todos del pecado» (El Señor).

Y a continuación, le muestra a la vidente un cuadro de su Pasión

«La Pasión» de Mel Gibson

Antes de presentar estas escenas, que Luz Amparo va describiendo, no queremos omitir una referencia a la película «La Pasión», estrenada en 2004. Aunque como obra humana es perfectible, no dudamos en calificarla de excelente y recomendable. Así, el que fuera prefecto de la Congregación para el Clero, Card. Darío Castrillón, afirmó en su momento: «Es una película que lleva al espectador hacia la oración y la reflexión, hacia una contemplación sincera y sentida (…). Ver esta película provoca amor y compasión. Hace que el espectador busque amar más, quiera ser fuerte y bueno sin importar nada, igual que hizo Cristo frente a su terrible sufrimiento (…). Todos los sacerdotes del mundo deberían ver “La Pasión”. Es un triunfo del arte y de la fe»3. Por su parte, Juan Orellana, director del Departamento de Cine de la Conferencia Episcopal Española, escribió sobre el film un artículo titulado «Cinematográfica y cristianamente impresionante»4. Otra opinión valiosa es la del entonces presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, arzobispo John P. Foley, quien señaló: «La cinta será un momento de “auténtica meditación” para quien la vea», calificándola de «conmovedora, profunda»5. Y el director mismo, Mel Gibson, expuso su intención al realizar esta obra cinematográfica con las siguientes palabras: «Quería expresar la magnitud del sacrificio, al mismo tiempo que su horror. Pero también quería una película que tuviera momentos de verdadero lirismo y belleza, y un permanente sentimiento de amor, porque, a fin de cuentas, es una historia de fe, esperanza y amor. En mi opinión, ésta es la historia más grande que podamos contar».

Nos hemos permitido entrar en un ámbito no habitual para los comentarios a los mensajes, debido a que la citada película aborda un tema fundamental en la espiritualidad de Prado Nuevo. De esta forma lo manifestó la Virgen desde el principio: «Soy la Virgen Dolorosa. Quiero que se construya en este lugar una capilla en honor a mi nombre. Que se venga a meditar de cualquier parte del mundo la Pasión de mi Hijo, que está completamente olvidada» (14-junio-1981). Estimamos, por ello, que la obra del director australiano ha contribuido, sin duda, a hacer realidad este deseo de la Virgen, quien, por cierto, desempeña un papel decisivo en el citado filme.

Escenas de la Pasión del Señor

Transcribamos, pues, algunas de las escenas contempladas por Luz Amparo; recordarán imágenes del filme a quienes lo hayan visto:

«Veo como una mujer sale de entre la gente, coge un paño, se lo da al Señor, que tiene la cara toda ensangrentada; el Señor se limpia toda la cara con ese paño; se ha secado toda la cara, se lo devuelve otra vez a esa señora (…).

El Señor va fatigado, no puede más; va cuesta arriba, tropezando con las piedras. Llegan arriba, al monte; allí tiene la Cruz extendida en el suelo (…).

Ahora le clavan la mano derecha; empiezan a estirarle el brazo izquierdo, pero el palo es más largo que el brazo y no le llega a donde han hecho el agujero (…), le tiran del brazo fuertemente; el Señor se retuerce de dolores (…). ¡Ay, Dios mío! Cuando le están clavando se oyen los ruidos de los martillazos, brota sangre de las manos. ¡Ay! Se retuerce el Señor de los dolores (…). Los pies se los atan con una cuerda a la madera. Empieza de nuevo a sentir los martillazos en los pies; el Señor mira para arriba, para el cielo; toda la cara la tiene ensangrentada; el Señor está hablando y mira para el cielo y pide a su Padre que le ayude».

A continuación, le explica el Señor a Luz Amparo el sentido de esas imágenes:

«Sí, hija mía, este tormento que tú sientes es el que siento yo todos los días por esas almas que me ofenden con tantos pecados de impurezas. ¡Y cómo profanan mi Cuerpo! Esto lo hacen diariamente; me clavan todos los días; por eso te pido, hija mía, que seas víctima de mi Pasión, porque yo acepté con resignación la última voluntad de mi Padre, que era sufrir, sufrir hasta el fin; y todo lo hice para borrar el pecado de tantos pecadores, para que todos pudiesen alcanzar mi Reino».

Y le ofrece el papel de cirineo, para compartir con ella la carga de la Cruz:

«Quiero que seas como aquel buen hombre que me ayudó a llevar la Cruz, que era un gran pecador; pero, ¡con qué amor me ayudó a llevar esa Cruz, esa Cruz de amor!».

 

 

(Revista Prado Nuevo nº 24. Comentario a los mensajes)

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