En abril de 1985, el Arzobispo de Madrid-Alcalá, D. Ángel Suquía y Goicoechea, publica una declaración sobre «las supuestas “Apariciones y revelaciones” que se dan en el lugar conocido por el nombre de Prado Nuevo». Esta nota no fue interpretada correctamente desde el principio; en cambio, si nos ceñimos al sentido exacto de las palabras, la interpretación es clara. Cuando D. Ángel Suquía utilizó la expresión «no consta» en el documento, hizo uso de una fórmula clásica en la Historia de la Iglesia para afrontar una posible revelación privada. Dicha expresión ni afirma ni niega el carácter sobrenatural, sino que se hace eco de una realidad. Los hechos hacía pocos años que habían comenzado y la Autoridad diocesana todavía no tenía elementos de juicio suficientes para dar un dictamen definitivo; además, no podía pronunciarse de modo concluyente sobre unos hechos que aún no habían finalizado.

D. Ángel Suquía, en diferentes ocasiones tuvo que aclarar su contenido: «Donde dice “no consta” —explicó una vez—, no quiere decir “no hay”». También añadió que esas palabras no eran una «prohibición», sino una primera medida de prudencia eclesial o «práctica que viene siendo habitual en estos casos», según sus propias palabras.

Con posterioridad, D. Ángel Suquía, en respuesta a una carta en la que se le pedía precisara el contenido de la nota arzobispal, declaró rotundamente:
«Sean fieles a la Virgen e imítenla en su vida. La Iglesia ha dicho nada más que esto: todavía no consta. Esperen en paz. Oren. Sigan los santos consejos. Cordialmente» (Firmado por el Cardenal D. Ángel Suquía, 10-3-1986).
En otra carta posterior (7-1-1987), el mismo Cardenal Suquía explicaba el verdadero sentido de su nota e invitaba a que se recurriera al P. Alfonso María López, O. C., director espiritual de Luz Amparo, para aclarar cualquier duda:
«He recibido su carta del 15 de diciembre; pocos días después he estado hablando con el P. Alfonso López, O. Carm. No hay que extrañarse de las extrañas interpretaciones del documento (…). Son ustedes mismos los que han de difundir y explicar correctamente estos documentos. Háganlo con paciencia y amor. Hable de todo ello con el P. Alfonso, que le orientará sin duda. Con sincero afecto…» (Firmado por el Cardenal D. Ángel Suquía).
Podemos afirmar, pues, sobre los hechos de Prado Nuevo que al igual que en otras apariciones marianas aprobadas por la Iglesia, como las de Amsterdam en Holanda (31-5-2002) o Laus en Francia (4-5-2008), la falta de reconocimiento oficial en los inicios no significa rechazo por parte de la autoridad de la Iglesia, sino que supone un tiempo de espera en Dios, hasta que la Iglesia ofrece un juicio definitivo, si éste llega.
A partir de marzo de 1985, siguiendo las recomendaciones del Cardenal D. Ángel Suquía, Luz Amparo, con ejemplar obediencia, ya no bajará más a Prado Nuevo en las horas de reunión de los peregrinos. Sin embargo, los mensajes continuarían hasta el 4 de mayo de 2002.
La evolución del entonces arzobispo de Madrid, D. Ángel Suquía, en relación con este fenómeno religioso, fue muy positiva y favorable. Siguiendo el criterio evangélico de Jesús: «Por sus frutos los conoceréis» (Mt 7, 16), reconoció dichos frutos y concedió diversas aprobaciones, a las que nos referimos en esta página web.

Congreso Mariológico

Un dato significativo sobre la importancia que tienen las apariciones de El Escorial, incluso fuera de España, es que en el 22º Congreso Mariológico Mariano Internacional, organizado por la Academia Pontificia Mariana Internacional de Roma, celebrado en el Santuario de Lourdes (Francia), del 4 al 8 de septiembre de 2008, se impartió una conferencia sobre las apariciones de El Escorial, titulada: «Los fenómenos aparicionistas de El Escorial: realidad y mensaje», que presentó de modo realista un teólogo, D. F. Ochayta, especialista en temas de Mariología.