Hnas. Reparadoras en una de las residencias de la Obra de la Virgen de El Escorial

Hnas. Reparadoras en una de las residencias de la Obra de la Virgen de El Escorial

La rama de Hermanas Reparadoras está formada por «mujeres célibes o viudas, dedicadas especialmente a la atención de las personas necesitadas. Están consagradas con votos privados; viven en comunidad…» (art. 17º, Estatutos), y procuran observar estas normas, aprobadas por la Jerarquía eclesiástica, y el Reglamento de Régimen Interno. «Tienen como fin principal su propia santificación mediante el servicio a los necesitados, viendo en ellos a Cristo Redentor, viviendo los consejos evangélicos y dando a su vida sentido reparador» (art. 18º, Estatutos).

El hábito que visten es signo de su consagración, como reconocen sus Estatutos. Su situación actual en la Iglesia Católica es la que otorgó el Cardenal Arzobispo de Madrid, D. Ángel Suquía, quien erigió la Asociación Pública de Fieles en sus tres ramas o secciones. Esta rama de la Asociación Pública de Fieles cuenta en la actualidad con cerca de 80 hermanas.

Las Hermanas Reparadoras realizan su vocación mediante el servicio a las personas necesitadas en las residencias que la Fundación «Virgen de los Dolores» tiene abiertas en distintas provincias de España.

En su vocación se unen la acción y la oración. Su consagración a Dios por medio de los votos privados (castidad, pobreza y obediencia), su amor a Dios, sostenido por la vida de comunidad, de oración y recepción de los sacramentos, es el fundamento que las impulsa a servir voluntaria y desinteresadamente a las personas necesitadas, particularmente ancianos, para intentar cumplir el mandato evangélico que nos enseña que cada vez que practicamos la caridad con cada uno de nuestros hermanos más humildes, lo hacemos con el Señor: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme (…). En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 35-36. 40).

Las Hermanas Reparadoras han tomado como programa de vida las palabras que les dirigió la Fundadora, que aquí resumimos:

«Jóvenes muchachas, que os habéis entregado a los necesitados; ved en ellos a Cristo y repetid con Él: “No hemos venido a ser servidos, sino a servir”. 
Y para que vuestro amor sea verdadero, tiene que estar apoyado en Cristo (...).
Que vuestros corazones estén alegres para poder alegrar al triste (...).
Pongamos todo nuestro amor en cada acción (...).
¿Queréis alcanzar méritos?: sed cariñosas y amables con todos los que sufren. ¿Quiénes sufren?: ellos, mis pobres niños mayores, que tienen las heridas del tiempo que nadie puede cicatrizar (...). 
Ésta tiene que ser vuestra empresa: la empresa del amor, que es la más grande y más cristiana» (31-XII-1990).

El trato delicado que las Hermanas Reparadoras dedican a los ancianos se fundamenta en el amor a Dios a través del prójimo.

En virtud de esta vocación y misión, las Hermanas Reparadoras prodigan a los necesitados una esmerada atención. Les ofrecen los auxilios necesarios para su cuidado corporal y espiritual. Escuchándoles con paciencia, consolándoles en sus penas, repartiéndoles alegría, etc., practican la caridad con ellos y les ayudan a mantener la ilusión de vivir.