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Asombro y conversión

 

HISTORIA DE LAS APARICIONES DE EL ESCORIAL (9)

En el artículo anterior de “Historia de las Apariciones”, pudimos conocer lo que sucedió aquel memorable 15 de noviembre de 1980. Fue decisivo en la historia de estas revelaciones privadas. Ese día, Luz Amparo contempló por primera vez a Cristo crucificado, que le hizo partícipe de su Pasión: esos estigmas visibles e intensamente dolorosos que ella aceptó y ofreció por la salvación de los pecadores. Se encontraba a su lado la niña Beatriz, su primer testigo. Amparo decidió guardar silencio, preocupada por lo que la estaba sucediendo, y pidió a la niña que también lo hiciera.

 

Sin embargo, al día siguiente, domingo, 16 de noviembre, Amparo siente la necesidad de contar a Marcos, el conserje y amigo de la familia, lo que le había sucedido, buscando comprensión y ayuda. Pero él se ríe y le dice: «Lo que tienes que hacer es irte al psiquiatra lo antes posible, que ahora puedes tener solución; pero si tardas, será peor».

Amparo, disgustada, sube al piso donde trabaja y decide ya no decir nada a nadie. En esos días, más de una vez, el Señor volverá a darle los estigmas de la Pasión. Derramará sangre por la frente y las manos, pero lavará inmediatamente la ropa manchada, para que nadie se entere de lo que le pasa.

 

Marcos, el segundo testigo

Pero llega el jueves 20 de noviembre, y Marcos, conserje de la urbanización donde Amparo trabaja, al verla llegar a su hora habitual, le pregunta con ironía:

—«¿Qué, ya has ido al psiquiatra?».

—«Yo no necesito ningún psiquiatra»—le contesta ella lacónica—.

En ese momento, el Señor dispone que Luz Amparo reciba los estigmas de su Pasión allí mismo y comience a sangrar por las manos delante de Marcos. Ella no quiere llamar la atención; por eso, procura ocultar lo sucedido, juntando las palmas de las manos. Marcos, al ver la sangre en sus manos, intenta separarlas imaginando que las heridas se las provoca con las uñas. Pero su asombro crece al comprobar que, en esos instantes, igualmente comienza a sangrar por la frente, el costado, las rodillas y los pies, experimentando agudísimos dolores otra vez.

Marcos, hombre rudo pero de gran corazón, ahora comprende claramente que Amparo no está fingiendo, que eso viene de la mano de Dios. Es tal el impacto que recibe que, al instante, cae bruscamente de rodillas, implorando el perdón de Dios, balbuciendo oraciones que ni recuerda, en medio de un mar de lágrimas.

Cuando, unos minutos más tarde, Amparo se va recuperando, le dice: «Ya no soy yo sola la loca, porque Beatriz lo sabe y tú también lo sabes. Pero no digamos nada a nadie». Marcos Vera es el segundo testigo de la estigmatización que también guardará secreto.

A partir de este día, la vida de Marcos se irá transformando, encauzada hacia la Iglesia y los sacramentos. Pero además, se prodigará en apoyar a Luz Amparo en la Obra que el Señor iría realizando por su medio.

 

marcos- testigo apariciones Virgen Escorial

Marcos enseñando la portería donde sucedieron estos hechos.

 

Domingo, 23 de noviembre, solemnidad de Jesucristo Rey del Universo

El día 22 de noviembre, festividad de santa Cecilia, patrona de los músicos, Luz Amparo observa asombrada cómo se le forma en el centro del pecho un corazón en relieve atravesado por un dardo. Ella, como de costumbre, había acudido a la vivienda donde presta sus servicios domésticos. Miguel y Julia no se encontraban allí, pues se habían desplazado a Villalba para celebrar la fiesta de su patrona con miembros del gremio musical. En la casa se encuentra Paz, la madre de Miguel Martínez, quien se lo descubre ligeramente, achacándolo a una «alergia», por lo que no dice nada de momento.

Al día siguiente, domingo, día 23, solemnidad de Cristo Rey, están reunidos en el piso de Miguel y Julia ocho personas: además del matrimonio referido, Juan Antonio, hermano de Miguel; el padre y la madre de ambos; los dos hijos: Jesús y Beatriz; y Fernando, amigo de la familia. Cuando por la mañana, llega Amparo a la casa, a pesar de que era su día libre, Julia nota que tiene mal aspecto y le pregunta. Ella evade la respuesta como puede, pero la abuela Paz, que allí se encuentra, comenta: «Ha estado mala; le ha salido una alergia en el pecho».

Enseguida, Julia pide a Amparo que se lo enseñe. Ésta se excusa asegurando que ya se la ha pasado, pues así lo creía. Julia insiste hasta conseguir que Amparo se abra los primeros botones de la blusa. En el centro del pecho, ¡aparece un corazón en relieve y enrojecido! Está traspasado por una especie de flecha en sentido oblicuo, que va de derecha a izquierda. Julia, sorprendida le pregunta: «Amparo, ¿con qué te has hecho eso?...». Pero ella no responde.

Juan Antonio, el hermano de Miguel, que estaba sentado a la mesa para desayunar, al observar ese corazón, pone la cara entre sus manos musitando con intensa emoción: «¡Dios mío…!». A partir de ese momento, comienza a creer, produciéndose en su alma una profunda conversión.

Julia, mientras tanto, se dirige a Amparo: «Ven, desayuna cuanto antes y vamos al médico». Pero Amparo, convencida de que le desaparecería ese corazón, como le había sucedido con otros extraordinarios fenómenos, se niega a ir al médico. Julia le pide que se siente a desayunar. Ella lo intenta, pero no logra pasar nada por su garganta, al experimentar un agudo dolor, como si le estuvieran clavando algo en el pecho. Trata de marcharse enseguida, y ya en la puerta, al ir a dar un beso a los niños para despedirse, Beatriz llama a su madre diciéndole que Amparo la necesita. Acude Julia y la encuentra sentada y en angustiado llanto. Piensa que se lo tiene que contar todo y que, por ello, será despedida.

(Continuará)

* En la imagen principal: Julia contando su experiencia vivida junto a Amparo.

 

(Revista Prado Nuevo nº 10. Historia de las Apariciones)

 

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